Archivos para Agosto 2005

Una tarde para decir que sí

Después de hacer el trabajo de Química en casa de Fiorela – algo accidentado por cierto – me enrumbé en un viaje lleno de “cabeceadas” hacia Barranco. El atardecer en la Avenida Benavides con Paseo de la República me hacia sentir el olor del mar cercano a tan sólo unas cuadras. Tomo el carro que me llevará hacia Barranco, en donde esperaba encontrar a Pedro Pablo. Pedro Pablo es un laico consagrado del Sodalicio de Vida Cristiana al cual yo conocí en unas jornadas de meditacion por Semana Santa.

Esperaba encontrarlo -como dije-, pero no podía atenderme. Estaba de retiro, y pues hablé con otro consagrado. Se llamaba Ricardo, y trabaja en Aci Prensa. Él me dijo unas palabras muy sabias, y que recordaré por siempre :

“Podrás buscar ayuda, pero el único que responde a la pregunta de Dios eres tú”.

Esa tarde decidí que quería decir que sí.

Quédate con Nosotros

Quédate con Nosotros – Stay with us

Originally uploaded by Virginia G.

Un anuncio en plena capital española que dice mucho a esa sociedad.

Recordando a Juan Pablo II

“Él es la vida, él es la verdad, él es la vid”

Juan Pablo II

La libertad es una decisión.

Conocí a Raúl en un seminario, tres años después de haber sido liberado de un secuestro. Sus captores lo habían encerrado en un armario durante seis meses amarrado con cadenas. Me hablaba con un entusiasmo pleno de ilusiones y de afecto, parecía feliz a pesar de haber soportado una experiencia tan dolorosa y destructiva.
- ¿No sientes rabia o rencor contra tus captores? – le pregunté abiertamente -.
Me miró, se frotó la cara con las manos y su rostro se ensombreció por un instante.

- Recién salí, – respondió con firmeza -, no fue fácil. Mi desesperación y mis rencores eran mi peor tortura, pero un día decidí que ya no quería cargar más las cadenas.

- ¿A qué te refieres? – dije intrigado -.

- Yo estuve secuestrado con otra persona -,replicó, nos liberaron al mismo tiempo. Después me la encontré, rabiosa y amargada, sólo hablaba de su pasado, del daño irreversible que le habían causado, de lo crueles que habían sido, de lo feliz que se sentiría el día en el que se hiciera justicia.
Guardó silencio por un instante, como si revisara sus propias reflexiones.

- ¿Sabes? – prosiguió después de una pausa -, al ver a esta persona me di cuenta que daba lo mismo que lo hubieran liberado, que su cuerpo estuviera libre, porque él había decidido continuar secuestrado en su mente, en su dolor, en su pasado. Prefería pensar en sus captores, no disfrutaba a su familia, ni de la posibilidad de construir el presente ni el futuro que le dió la vida.
- Pero, ¿Cómo se puede olvidar algo tan duro? – seguía interrogando -.
-Mis captores me quitaron la libertad, pero no voy a permitir que me quiten mi tranquilidad, si yo continúo alimentando este rencor, les estaré dando mi vida, es cómo si eligiera llevarlos conmigo en cada momento, por el resto de mis días. Ni mis seres queridos ni yo nos merecemos eso, la verdadera venganza será mi felicidad, dejarlos atrás y disfrutar de cada instante de mi vida. Hizo una pausa y miró hacia adelante con una expresión alegre.
Las verdaderas cadenas -concluyó- las tenemos en nuestra mente cuando decidimos continuar apegados al dolor, al resentimiento o al pasado. Eso es peor que un armario oscuro, – dijo con énfasis y prosiguió -, yo prefiero que los míos me recuerden como alguien que supo reacoger la alegría de la vida y no como alguien que se quedó alimentando la rabia y la autocompasión.
¿Cuáles son las cadenas que podrías empezar a soltar ahora? ¿Cuáles son los eventos pasados o presentes que puedes dejar de alimentar con rabia o dolor?

En cada momento puedes decidir agravar tu herida o empezar a sanarla para siempre.

Gracias a Carla Acuña por el artículo.

El valor de una obra bien hecha.

Ante la más turbulenta de las dificultades siempre hay que mantener la calma. ¿Por qué? Simple, porque siempre habrá algo que te hará mostrar siempre la sonrisa.
Hoy tuve prueba de ello, cuando después de la “accidentada” discusión sobre varios articulos del Reader’s Digest en el Inipuc tuve la oportunidad, saliendo del centro de idiomas, de ver a una señora ofreciendo unos chocolates por unas monedas. Pensé y cooperé con ella, luego dándole mi bendición. Lo que más me dió gusto es, aparte de lo agradecida que era, fue el gesto de despedirme al subir al bus para dirigirme a mi casa. Una sonrisa que vale, una sonrisa que me reconfortó después de un tenso momento, una sonrisa que mejora el dia.

Anímate a enseñar una tu también.

Inspirado al escuchar:  Huellas  de  Joe Vasconcellos


Sobre mí / About me


Adrián, estudiante universitario de 17 años, desde Lima, Perú, expone su forma de pensar, vivir y creer en este blog.

Adrián, a 17-year-old university student from Lima, Perú, writes about his way of thinking, living and beliefs in this blog.

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